Cuento para leer esta noche: La hoja que sí crujió

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admin · 25 de octubre de 2026 · 🕒 3 min de lectura

Aquí tienes un cuento corto para leer esta noche en voz alta (unos 3 minutos) y, al final, una curiosidad que seguramente no conocías.

Ilustración del cuento «La hoja que sí crujió»

La hoja que sí crujió

Nora, la niña de la casa azul, miraba caer las hojas desde el portal. La plaza olía a pan y a castañas, y en los escalones había calabazas pintadas con sonrisas. Algunos niños pasaban con capas y sombreros de cartón. Misi, el gato atigrado del portal, cazaba hojas que bailaban con el viento.

Nora quería una hoja que crujiera perfecta para hacer una corona para la puerta. La quería dorada, seca y con sonido de pisada alegre. Probó y dijo en voz bajita: "Cruj, cruj, por favor".

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Por la mañana, en el parque, las hojas estaban húmedas. Nora pisó una grande, pero sonó "plof". Probó otra, y otra. Misi se escondió detrás de un montón y saltó como un muelle, y las hojas se pegaron a sus bigotes. Nada crujía como ella quería.

Más tarde, al lado de la frutería con calabazas naranjas y sacos de castañas, encontró hojas finísimas. Nora las tocó con la puntera. Se hicieron migas. Misi se quedó con una hoja pegada en la nariz y estornudó. Nora suspiró y repitió: "Cruj, cruj, por favor".

Entonces pasó Rafa, el cartero del barrio, con su carrito y su gorra. Saludó a Nora y a Misi. "Las que mejor crujen están donde da el sol", dijo, señalando el banco bajo el plátano grande. Le prestó una cajita vacía para guardar la hoja buena, plana y segura.

Nora fue al trozo de suelo más soleado. Allí, una hoja dorada esperaba quieta, como una mano abierta. Nora la pisó despacito y dijo por tercera vez: "Cruj, cruj, por favor". Esta vez sonó claro, seco y alegre: cruj. Nora sonrió con toda la cara. Misi dio un brinco de aplauso gatuno.

Con un cordel fino, Nora hizo una pequeña corona en el portal. Colgó la hoja crujiente en el centro y la puso en la puerta, junto a una calabaza pintada. Rafa dejó la cajita a un lado y levantó el pulgar. Misi se enroscó a sus pies, vigilando que ninguna hoja traviesa se escapara.

Anochecía. Las ventanas tenían luz cálida y la plaza murmuraba suave. Olía a castañas, y pasaban niños con disfraces sin prisa. El viento movía la corona, pero no la rompía. Nora se metió en la cama, Misi se acurrucó hecho bola a su lado, y la casa azul respiró despacio.

✨ Fin ✨

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admin
Apasionada por la lectura infantil y los regalos que dejan huella.
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